Desde el primer día de mi diagnóstico me aboqué y esmeré en portarme bien, pues estaba cansada de sentirme descompuesta. Fui extremista, al punto de que, para no arriesgarme, prefería comer cosas demasiado livianas o simplemente no comer. ¡Por favor, no sigan mis pasos! 

Pasaban los meses y como buena obsesiva, eliminé todo lo que debía, sin ninguna contemplación y con voluntad de hierro, de verdad nada me tentaba. Pero seguía con crisis, no tan graves pero crisis al fin, hasta que me dediqué a investigar dónde más podía existir gluten y fue así como me enteré que mis productos de belleza me estaban enfermando.

Ser celiacos es prohibitivo hasta que nos atrevemos a experimentar, pero dentro de un margen razonable. (Getty Images)

Me quedé en cero, no sabía qué usar y ya había renunciado a muchas cosas, no quería renunciar a algo que me hacía sentir feliz, por lo que empecé a probar y a correr riesgos.

Vivir como Celíaca.

El gluten es un “aglutinante”, por lo que se usa tanto para compactar y abundar distintos tipos de productos, que no son necesariamente comestibles. Y se usa por ejemplo en una de mis debilidades, los labiales. 

Fue así que tuve que eliminar de mi vida cerca de 20 tipos y marcas de lápices labiales, todos de marcas conocidas y de fácil acceso, además de precios amigables, pues a mí lo que me gusta es el color, no me interesaban las marcas en sí. Me quedé en cero, no sabía qué usar y como ya había renunciado a muchas cosas, no quería renunciar a algo que me hacía sentir feliz, por lo que empecé a probar y a correr riesgos.

Muchas marcas y vendedoras de maquillajes te dirán “obvio que es libre de gluten, no te preocupes”, pues les digo que su trabajo es vender, no cuidar de la salud ajena, así que no crean sus afirmaciones. Además, encontrarán en internet una serie de marcas que aseguran ser libres de gluten, pero no existe ninguna certificación de aquello, entonces ¿qué nos queda? Probar.

De a poco comencé a adquirir labiales de distintos valores, duración y consistencia, deseché muchos, pues me daban crisis, pero no me desalenté y continué estudiando las marcas y mis reacciones. Fui mi propio conejillo de indias. 

Tuve que eliminar de mi vida cerca de 20 labiales, todos de marcas conocidas y de precios accesibles. (Shutterstock)

No les puedo asegurar qué labiales son libres de gluten, pero sí los que en mi caso nunca me han producido reacción alguna, por lo que si pueden probarlos deberán averiguar si en ustedes también funcionan. En mi caso, hay 4 marcas con las que no he tenido problemas.

Entre las marcas que para mí han sido las más seguras están los labiales de MAC, los que además de tener una variedad inmensa suelen tener puestos con testers, donde podrás probarlos y verás si son óptimos para ti. Recomiendo los tintas labiales que poseen, duran mucho tiempo en los labios y sólo se salen si te lo quitas con desmaquillante, no los ingieres.

El gluten es un “aglutinante” por lo que se usa tanto para compactar y abundar distintos tipos de productos, que no son necesariamente comestibles. Y se usa en una de mis debilidades, los labiales. 

Vivir como Celiaca.

El segundo producto con el que tampoco tuve problemas fue con los labiales de Dior, aunque su valor es más prohibitivo que MAC, si te funcionan y puedes hacer ese gasto, adelante. 

Clinique también se destacó en esa área, lindos colores, variedad y ningún efecto secundario en mi caso. Sus valores son cercanos a los labiales de MAC.

Muchas marcas y vendedoras de maquillajes te dirán “obvio que es libre de gluten, no te preocupes”, pues les digo que su trabajo es vender.

Y el cuarto producto que me sorprendió fue uno de Maybelline, de su línea Super Stay Matte Ink. Es relativamente nuevo en el mercado, pero tanto su pigmentación como su duración son muy buenas, pues se mantienen por horas en los labios y tampoco los ingieres, sólo se quitan con desmaquillante. Y lo más lindo de todo, su precio. 

Por eso insisto en que ser celiacos es prohibitivo hasta que nos atrevemos a experimentar, pero dentro de un margen razonable, en mi caso me tomó tiempo descubrir qué podía usar, medí los riesgos y también mi bolsillo. Quizás lo que a mí me funciona, a ustedes no, pero al menos tienen un punto de partida a través de mi experiencia. 

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